Me llamo Sauron, acabo de cumplir un añito, peso 50 kilos, mido 63 cm a la cruz y soy un rottweiler.
Como ya seguramente sabéis, hace unos días unos compañeros de raza atacaron a unas niñas y la verdad es que las pobres no salieron muy bien paradas, una de ellas al menos recibió un potente mordisco que tuvo que ser suturado con casi cincuenta puntos. Los perros seguramente serán sacrificados, y a la dueña le van a imponer una multa de al menos 15.000 euros.
La pregunta que me hago es ¿Por qué tienen lugar esta clase de incidentes? ¿Qué hace que un perro como yo, que soy dulce, tranquilo y cariñoso, la mejor niñera que pueda nadie encontrar, se vuelva una fiera salvaje? Pues la persona que nos adquiere. No se trata siempre de malos dueños, a veces el exceso de mimos, la falta de autoridad es la que hace que nosotros, unos perros que tienden a la dominancia (pues esto sí es algo natural en nuestra raza), sientan la necesidad de ocupar el puesto de líder vacante. Y lo siento mucho, pero sólo somos perros, no estamos preparados para sacar adelante a una manada de humanos. Nuestro trabajo es hacer compañía, proteger a nuestros seres queridos y su casa, y para ésto último no hace falta que se nos críe aislados del mundo, sin contacto con el exterior, sin olfatear nada nuevo, sin jugar con otros perros, sin tener la oportunidad de conocer en un ambiente controlado a los niños que pueda haber en nuestro entorno. Nosotros no atacamos por placer, esto último sólo está reservado a los hombres.
Mi raza es muy antigua, existimos desde que los hombres empuñaban espadas de bronce, protegíamos sus frágiles pescuezos de las heridas que enemigos que atacaban por la espalda en la batalla podían infligirle. Más tarde ayudábamos en sus negocios, colaborábamos en la matanza de los grandes bueyes y toros, y guardábamos con celo las ganancias del día que nos colgaban en una bolsita de piel al cuello, mientras nuestros amos estaban ocupados en otros menesteres. Por las noches vigilábamos el rebaño guardado y los alrededores de la casa, para evitar robos y otros tipos de delitos.
Con el paso de los siglos, se nos ha utilizado como conductores de ganado vacuno, perros de tiro y carga, y siempre hemos cuidado de su bienestar.
A cambio, nuestro humanos se diviertían con nosotros metiéndonos en jaulas. Despertaban nuestro instinto depredador a base de golpes, y cuando ya estábamos frenéticos por el aislamiento y la violencia del palo, nos hacían probar la sangre metiéndonos en las jaulas a perros pequeños, perros que podíamos eliminar de un mordisco. Así nos preparaban para las peleas. Peleas con las que nuestros queridos amos se forraban.
Las peleas se prohibieron, y aunque aún se dan casos, afortunadamente cada vez hay menos.
Ahora detectamos explosivos, drogas, rescatamos seres humanos enterrados tras derrumbes, en terremotos, explosiones por atentados o por otras causas. Si somos policías cuidamos de nuestro compañero igual que hacemos si pertenecemos al ejército, y siempre, siempre protegemos a nuestras familias. Podemos hacer que ancianos que han sido abandonados en residencias por sus familias se sientan confortados, que niños autistas, o con otros problemas físicos o mentales recuperen sus ganas de sonreír.
Por desgracia el ser humano olvida, no recuerda todo lo que hicimos y todavía hacemos por él. Sólo recuerda que en un momento puntual de la historia una niña fue atacada por un perro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario